Sembrando en el espíritu
La carta a los Gálatas es una carta escrita por el apóstol Pablo a las iglesias de Asia menor, en la carta se centra en el problema de la "maldición de la ley" y la doctrina de la Justificación. Al final de su carta reflexiona sobre el amor y su relación con la ley del retorno afirmando: "el que siembra en el espíritu, del espíritu cosecha vida eterna", Gálatas 6:8.
Sembrar en el espíritu, hace referencia a la vida como en la Parábola del sembrador (Mateo 13), es vivir los dones, es vivir según el espíritu, o como nos dice Jesucristo, "Sean Perfectos como el Padre es perfecto" Mateo 5:48. Los Dones espirituales no son virtudes ya que estas son disposiciones del alma, los dones son perfecciones, excelencias.
Sembrar en el espíritu, es vivir de acuerdo al plan de Dios, de acuerdo a las promesas hechas en las Bienaventuranzas del Sermón de la montaña. Sembrar en el espíritu es mejorarnos a nosotros mismos y ser cocreadores con Dios. Y la Ley del retorno actúa, la impiedad retorna impiedad, la justicia retorna justicia, la misericordia retorna misericordia. Cuando sembramos en el espíritu, cuando somos bienaventurados y nos perfeccionamos la ley del retorno actúa y nos devuelve Vida Eterna.
Las perfecciones retornan perfecciones, así como una virtud nos retorna una virtud ( la justicia retorna justicia) así los dones nos retornan otros dones. La Vida eterna como Don son bendiciones que Dios nos otorga como adelanto de la vida futura. Algunas de estas bendiciones son: 1) Actividad Contemplativa, 2) Don de la Felicidad o felicidad de corazón, 3) Don de la salud o longevidad, 4) La guía de Dios o tercer ojo.
El fin de la gente común es la felicidad, "todos desean la felicidad unánimemente" nos dice Tomas de Aquino. La Vida eterna es un fin superior a la felicidad por que tiene como uno de sus aspectos la felicidad como estado de la mente, en la vida eterna "ser" y "ser feliz" son la misma cosa, cuando tenemos esta clase de felicidad, "existir" y ser "feliz" son la misma cosa, "porque existo soy feliz", ese es el verdadero mensaje de Cristo en sus Bienaventuranzas, no soy feliz por los bienes que tengo y mi estatus social sino porque conozco a Dios. La verdadera felicidad es producto del gozo y de la contemplación de Dios. Estamos llamados no a la "felicidad opinada" sino a la verdadera felicidad, la felicidad bienaventurada, la verdadera felicidad.