La carta de Pablo a la Iglesia de Roma es una carta fundamentalmente centrada en la doctrina de la Justificacion y con ella la fe y el amor. La doctrina de la Justificacion es uno de los fundamentos de la catequesis dentro de la fe catolica y origen del cisma entre protestantes y catolicos. Dentro de este contexto Pablo afirma: Los que viven segun la carne desean lo que es carnal; en cambio los que viven segun el espiritu, desean lo que es espiritual, Romanos 8:5. Pablo marca la diferencia entre el hombre natural y el hombre espiritual. El espiritu, es decir la substancia divina, es la diferencia entre el hombre natural y el hombre espiritual, podemos decir que existen dos orientaciones de la mente, dos modos de elegir: pecamos o vivimos rectamente, somos destructivos o edificantes, amamos bien o amamos con egoismo. Cuando somos egoistas, solo estamos interesados en nuestro propio bien, en el tener y en el poder. Cuando somos desinteresados pensamos no solo en nuestro bien sino tambien en aquellos que nos rodean. Elegimos entre Dios y el dinero. Atendemos nuestra propia codicia o trabajamos para mejorar el mundo. Para el hombre natural o que vive segun la carne, la vida espiritual no tiene sentido, para este tipo de hombre lo divino no existe. Para el hombre natural la santidad es locura. El hombre natural siempre se pregunta: ¿Que ganas? ¿Para que sirve? Para este tipo de hombre todo tiene precio, una ganancia, una utilidad. Y como la sabiduria no puede medirse en estos terminos, en definitiva se convierte en una locura. La santidad o la vida espiritual solo puede comprenderse en estos terminos: mejorarse a uno mismo, progresar, minimizar el sufrimiento y el error, buscar lo perfecto, mejorar el mundo, ayudar a nuestro projimo, vivir en armonia con nuestro entorno. El espiritu y la carne son enfoques de la vida, se comparten cosas distintas. El pecado y la sabiduria son polos atractivos de la mente. La amistad entre el hombre natural y espiritual solo puede darse en terminos utilitarios, porque son lenguajes diferentes, perspectivas distintas del mundo. Elegimos lo que somos.